A la gente con la que hablo, comprometo mi palabra en que es mucha y de muy variada condición, se le da una higa la irreversibilidad del euro y el diseño de un futurible banco europeo. Cuando abren un periódico, cada vez menos, como denuncian las estadísticas, o siguen los informativos de radio o televisión, se ven asaltados por la noticia diaria de una catástrofe no achacable a la Naturaleza pero que como las que tienen ese origen castigan a los más pobres y respetan a los más fuertes. Los terremotos destrozan las chabolas y respetan los rascacielos. La crisis esquilma los ahorros de las clases medias, el gran logo social de las últimas décadas, convierte la humilde pensión de una abuela en el único soporte de muchas familias sin trabajo, obliga a una nueva corriente migratoria, desgarradora a nivel personal y social, y empuja a amplios colectivos a la marginalidad hasta que, atención, llegue la protesta.
El descrédito de los grandes partidos que, tradicionalmente, venían practicando la alternancia en el poder, es un hecho incontrovertible, se crea o no en las encuestas. Ya no se puede ir de Cánovas a Sagasta. Alguien, y muchos creemos que ese “alguien” es la izquierda, no tiene que pensar en la alternancia sino en la alternativa. No se trata de plantear fórmulas revolucionarias ni exacerbar la demagogia. Basta con volver a los principios del socialismo. Incluso a los de la socialdemocracia, que son los que defienden Hollande en Francia y –sí, léanse sus propuestas- “Syriza” en Grecia. Algunos socialistas en España, también, aunque como a los griegos se les tilde de “izquierda radical” Para no provocar, me quedo con Hollande que acaba de anunciar la subida del salario mínimo interprofesional. Ahí nos ganan los franceses por goleada: 1.425 euros frente a 641. Y para nuestro bochorno, que no todo va a ser Economía, Hollande ha decidido revitalizar el Consejo de lo Audiovisual para garantizar la independencia de la Radio Televisión Francesa, porque como ha declarado su Ministra de Cultura, “este tema es esencial para la democracia”. Algunos lo defendimos así, empecinadamente, pero fue desdeñado por los mismos que hoy lamentan el descaro del Partido Popular.
Vuelvo al principio. El mismo día que nos preparamos para pagar 500 medicinas y mucho más por elementos de primera necesidad por la subida del IVA, recibimos con honores a un sospechoso magnate norteamericano que exige cambios legales y créditos a los bancos que tenemos que salvar, para instalar un negocio que a muchos nos recuerda La Habana de Batista. Menos mal que, este mismo día, descubrimos que un hombre de 86 años que preside el Socorro Popular Francés, un luchador de izquierda contra el nazismo, acaba de llegar a España, procedente de Haití, con un cargamento de 33 toneladas de comida y un cheque de 10.000 euros para las familias españolas que pasan hambre. “No se ha visto una situación tan desesperada desde la II Guerra Mundial” ha declarado. Nada de eso he oído decir desde Bruselas, tal vez porque, como dijo el innombrable, “la existencia social determina la conciencia”.