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IRAQ: LA HORA DE LA VERDAD

IRAQ: LA HORA DE LA VERDAD

Lo que se juega ya este domingo en Iraq, donde se celebran elecciones legislativas, es, a fin de cuentas qué clase de gobierno saldrá de las mismas y, para decirlo crudamente y en un registro más amplio, qué clase de connivencia aceptará con el régimen iraní, el poderoso vecino cuya influencia en Bagdad es todavía muy intensa y podría ser determinante.

El escenario ha variado bastante en los últimos tiempos. El Gran Ayatolah Alí Sistani, autoridad shií de referencia, ha rehusado sabiamente respaldar a un partido en concreto y esta conducta estimula el pluralismo sin ataduras. Consideradas, legítimamente, como la expresión acabada de un sistema de libertades, unas elecciones legislativas genuinas son una fiesta que merece una reverencia, y más si se celebran en un espacio poco habituado a los festines democráticos, pero en términos prácticos, de realpolitik, si se quiere, en Washington, se sentirían algo más que inquietos si un gobierno elegido decidiera mantener o fomentar un relación calurosa con Teherán.

Eso explica, antes que el escrúpulo democrático, la preocupación norteamericana por la testarudez con que Anuar Kamal al-Maliki, primer ministro y líder de la lista aparentemente mejor colocada (“El Estado de la Ley”) ha decidido borrar del mapa al Baas, el partido del difunto Saddam Hussein, ilegalizado por los legisladores que hicieron la vigente Constitución. El hecho hirió peligrosamente la sensibilidad de la minoría sunní (veinte por ciento de la población) y envió a la cuneta social a los apestados, paniaguados y sinceros defensores del régimen abatido, además de nutrir las filas de la insurgencia… hasta que los norteamericanos echaron a su procónsul en Bagdad, Paul Bremer, padre de la estúpida desbaasificación, y funcionarios más prácticos cambiaron el rumbo y pusieron en marcha un crudo programa de compra de voluntades con dinero y empleos.

LOS “TICS” COMUNITARIOS

El último y grave episodio de esta depuración extrema llegó con la decisión de vetar como candidatos a unos quinientos iraquíes, la mayor parte sin importancia real, pero entre los que estaba la gran esperanza blanca de los excluidos, el diputado saliente Saleh Motlaq, jefe del primer partido sunní, el “Frente para el Acuerdo Nacional”, que concurre en la coalición laica e inter-confesional “Movimiento Nacional Iraquí” (llamado “Iraqiya” a efectos de propaganda electoral) del shií seglar y ex-primer ministro bajo la ocupación Iyad Alaui. Los ruegos del embajador norteamericano Christopher Hill, bien arropado con llamadas desde Washington, no consiguieron anular la crucial decisión, pero al-Maliki hizo un gesto de compensación y anunció el sábado pasado que se reintegrará a las fuerzas armadas a veinte mil militares de los días de Saddam.

Así, es posible que, pese a todo, los sunníes no boicoteen la elección tanto como lo hicieron hace cinco años y la participación y el resultado que obtenga la lista mixta que los implica nos darán una pista segura de cómo han ido las cosas y qué progresos hacen la sociedad y el gobierno en su deseo de superar los tics comunitaristas y de homogeneidad confesional o cultural… con la obvia excepción de los kurdos, imbatibles en sus feudos (las provincias de Suleimaniyah, Erbil y Dohuk) y que solo atienden a defender su autonomía y su capacidad de decisión, con el mantenimiento de su aguerrida milicia, los pesh merga, cuya solo existencia planea dudas sobre la naturaleza del Estado nacional y ahorra comentarios sobre la actitud de terceros: se tienen por inadmisibles una milicia shií (el “ejército del Mahdi”, de Moqtada Sadr o la “Brigada Badr”, el brazo armado del “Consejo de la Revolución Islámica de Iraq”, ambos con representación parlamentaria) pero los kurdos son intocables e independientes de facto.

La operación de Maliki, quien ha decidido volar por su cuenta tras el buen resultado que obtuvo su primera coalición en las provinciales de hace poco más de un año, es arriesgada porque impuso a su partido,”Al Dawa”, romper amarras con sus antiguos socios shiíes y fomentar una coalición más plural y más ajena a los clichés comunitarios. “·Al Dawa” fue crucial en la oposición a Saddam, diezmado por la policía y acosado por un régimen que le obligó a él a un prolongado exilio… que pasó en su mayor parte en Teheran, donde mantiene sólidas amistades personales y vínculos políticos de peso. Con él va ahora un heterogéneo grupo de formaciones menores, muchas de ellas de mera implantación regional o local. Sus antiguos amigos partido se quedó en la coalición shií central, “Alianza Nacional Iraquí”, donde, con el ex-primer ministro Ibrahim al-Yaafari, oficia ahora el inolvidable Ahmad Chalabi, percibido al principio como un peón del Pentágono y cuya deriva le ha llevado nada menos que a ser visto como un inquietante socio de Irán.

EL OMINOSO PORVENIR

Los realineamientos en curso y – fuera del campo kurdo – los intentos de transversalidad parecen un intento de sortear el peligro de una especie de libanización del escenario iraquí. Líbano, democrático como pocos en el mundo árabe, se atiene férreamente, sin embargo, a las clasificaciones previas, su clase política depende de factores confesionales, familiares y clientelares y no ha podido, o no ha querido o sabido, superar la condición de democracia comunitaria, una condición que tiene hasta rango constitucional. La ley, en efecto, prevé que el jefe del Estado siempre será un cristiano maronita, el primer ministro un musulmán sunní y el presidente del parlamento, un musumán shíi, además de reservar cuotas en el parlamento para las otras familias religiosas.

En Teherán han tomado nota de esta evolución y se han acomodado a ella con la esperanza, sin embargo, de que el nuevo gobierno, el que deberá administrar la retirada norteamericana, esté atento a las necesidades políticas iraníes, a su papel regional, a su crisis con Washington y a su aspiración de forjar, con Siria, el Hezbollah libanés y el Hamas palestino una vanguardia de firme resistencia a Israel. En este sentido, es un hecho obvio que la preferencia de Teheran es… la de la estabilidad en Iraq, la que garantice que un estallido de violencia convierta en caduco el “Status of Forces Agreement” que rige la presencia norteamericana y fija el calendario de su retirada: el próximo 31 de julio deberán estar fuera de Iraq las fuerzas americanas de combate y el 31 de diciembre del año próximo, el resto. Teherán no hará nada que pueda justificar la interrupción de la evacuación norteamericana y en ese sentido no recibe con agrado la violencia (el miércoles en Bakuba más de treinta muertos en atentado).

La rebelión, debilitada y crepuscular si se quiere, podría resurgir si su sostén comunitario (la comunidad sunní) se siente de nuevo desplazada y humillada y hay rumores de que desde Teheran han llegado juiciosos consejos de moderación aunque allí odian hasta el recuerdo de Saddam, que les declaró una terrible guerra para la que contó entonces con respaldo occidental y árabe sunní al completo. Igualmente necesita Irán calma en su frente kurdo, lo que requiere tranquilidad en el Kurdistán iraquí. En este contexto y asumiendo que al-Maliki pueda formar el próximo gobierno, forzosamente de coalición, el desenlace previsible a corto plazo es… más de lo mismo, una continuidad forzada por las circunstancias y que, en realidad, conviene a muchos, como si se estuviera en una larga y tensa espera…

Enrique Vázquez

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